Efecto FMI: Milei en campaña, tensión por los precios y escalada del discurso

El festejo por el acuerdo con el Fondo marca el arranque del camino electoral. Pero en lugar de distender el clima, agudiza la tendencia al choque y la descalificación. La inflación se afirma en el centro de las preocupaciones, por el quiebre de marzo y el impacto en rubros sensibles

La imagen de los festejos de Javier Milei y sus funcionarios apenas coronado el acuerdo con el FMI expuso más que la excitación del momento: para el oficialismo, marca el inicio de la campaña 2025. Es un estado que no anula para nada la preocupación por los números de la inflación –el impacto del IPC de marzo y las proyecciones privadas para abril-, que Olivos busca adjudicar a un clima generado artificialmente desde sectores políticos y económicos. Esa definición, poco ortodoxa y discutible, constituye el núcleo de su escalada discursiva en el arranque efectivo del año electoral.

Milei expuso personalmente el objetivo de explotar los primeros efectos del trato con el Fondo, en una semana económica breve pero políticamente intensa. Casi sin descanso, se sucedieron entrevistas y tuits, con pinceladas en blanco y negro para confrontar y descalificar miradas críticas de diferente origen. Todo acompañado por una clara definición del foco en la elección porteña que ya viene y movidas en la provincia de Buenos Aires, como se verá además en los próximos días.

Podría interpretarse como algo contradictorio el tipo de mensajes, pero a esta altura difícilmente queden dudas sobre el movimiento presidencial. Lejos de ser una cuestión de estilo, se trata del modo de entender la construcción de poder. Y eso mismo explica que en los momentos celebratorios, el oficialismo tiende a extremar su discurso en lugar de exponer cierta distensión. Ocurrió antes con la sanción de alguna ley o el blindaje de un DNU, y se reproduce ahora en mayor dimensión luego del cierre del entendimiento con el FMI y frente al primer impacto del dólar.

Por supuesto, la reacción inicial en el camino de salida del cepo y de estreno de la banda cambiaria -más allá de consideraciones sobre tasas y juego financiero- produjo satisfacción en el Gobierno, por varias razones entre las que se destaca una: la necesidad de “anclar” expectativas y contener o revertir aumentos de precios. El IPC de marzo, en rigor, había asomado como un elemento inquietante por la cifra que deja y por el arrastre.

Hasta el mes pasado, la tendencia a la baja era alterada sólo por pocas décimas, pero que en ningún caso indicaban la instalación extendida en escalones más altos. Vale repasar los números recientes. El último trimestre del año pasado se había mantenido por debajo de los 3 puntos porcentuales. Enero anotó 2,2%, cortando la insinuación creciente de diciembre (2,7%), y febrero trepó algo otra vez, hasta el 2,4%. En cambio, el 3,7% de marzo hizo retrotraer la mirada hasta septiembre (3,5%), cuando el índice inflacionario había logrado quebrar el piso de los 4 puntos.

No se trata únicamente del promedio general, aún medido como capital destacado del oficialismo en términos políticos. El informe oficial sobre el IPC del mes pasado indica que rubros sensibles estuvieron por encima de esa cifra, dejando de lado el pico del capítulo de educación. Alimentos y bebidas registró 5,9% y ropa y calzado anotó 4,6%. En el GBA fue más significativo: 6,3% y 5,6%. Está claro que allí está puesta la mirada cuando las cuentas se hacen también en la calculadora electoral.

Delegación argentina, con Javier MileiDelegación argentina, con Javier Milei a la cabeza, en un encuentro con el FMI

Los análisis sobre lo que finalmente marque abril están asociados centralmente a lo que ocurra con el dólar. De allí, la satisfacción en las filas de LLA por el impacto que tuvo de entrada el anuncio sobre el acuerdo con el FMI y el giro en política cambiaria. En ese plano y también en otros, el Gobierno se mueve con cierto pragmatismo y menos dogma que el declarado, aunque siempre sin salirse de la concepción más fiscalista.

La advertencia presidencial al “campo” -una definición que, al menos en este plano, excede a los productores- para acelerar liquidaciones es un síntoma evidente. Por supuesto, con el mal eco que tiene la idea de la vuelta a las retenciones en julio. Esa línea fue continuada de algún modo con mensajes fuertes a los mayores formadores de precios y hasta con gestiones para recortar cuotas de las empresas de medicina privada.

Junto con esas señales concretas, el oficialismo apuntó sin vueltas a otra cuestión que parece fuera del manual: los aspectos no estrictamente económicos. Puso el foco en cuestiones como los llamados aumentos “preventivos” o más bien especulativos -en este caso, frente a la evolución del precio del dólar- y para completar, dedicó buena parte de las municiones a todo lo que de manera conveniente es atribuido algún tipo de operación para generar climas sociales adversos.

En esa dirección, apuntó directamente contra políticos, economistas y periodistas. El argumento expuesto por el propio Milei y ampliado por voceros se resume así: el Presidente está en su derecho de responder cuestionamientos, nadie es intocable. El punto es que no se trata de respuestas a dichos críticos -es decir, contraargumentos o cifras o datos-, sino de una tendencia creciente a la descalificación, muchas veces personal. El término más utilizado es “mandriles”, pero no es el único. En la fosa de las redes sociales es aún peor. Pero en el caso del jefe del Estado, se añade la desproporción del poder.

La energía está orientada además a la campaña tradicional. Es otra cuestión y tiene que ver con la competencia política. El Presidente comenzó a involucrarse de manera abierta y no sólo para salir en defensa de Karina Milei, frente a las cargas que comienza a recibir de manera directa, especialmente en la batalla porteña con el macrismo. Parece además una implícita respuesta a algunos malestares domésticos frente al primer resultado de la estrategia libertaria en comicios locales. El domingo pasado, en Santa Fe, LLA terminó tercera, lejos del gobernador Maximiliano Pullaro y un punto por debajo de una de las expresiones del fragmentado peronismo.

Después de acusar de “traición” y de “cuidar los negocios” a Mauricio Macri, y de cruces duros vinculados a la economía, Milei se mostraría la semana que viene en la campaña porteña. También está prevista una presentación en territorio bonaerense. La pulseada con el PRO en la Ciudad, las presiones para fisurarlo en la Provincia y las cargas sobre CFK y Axel Kicillof dominan el panorama para el oficialismo. El discurso, por lo demás, ya dio muestras de su tono y de la amplitud de los blancos bajo el criterio de enemigos.

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