Nunca es tarde para cambiar la personalidad y la ciencia explica por qué

Un estudio internacional desafía la idea de que el carácter se vuelve rígido con los años. Los resultados muestran que el cambio es posible en cualquier etapa de la vida. La clave no está en la edad, sino en la motivación y el compromiso.

Muchas personas creen que, a partir de cierta edad, la personalidad queda prácticamente definida. Que alguien ansioso, tímido o reactivo al estrés “es así y no va a cambiar”. Sin embargo, una investigación reciente liderada por la psicóloga Cornelia Wrzus, de la Universidad de Heidelberg, pone en duda esa idea: el cambio personal es posible incluso después de los 60 años.

El estudio, publicado tras una intervención estructurada de ocho semanas, mostró que los adultos mayores pueden mejorar su estabilidad emocional y sus habilidades sociales en la misma medida que los jóvenes.

Un entrenamiento para cambiar rasgos de personalidad

Los investigadores trabajaron con 165 adultos de entre 19 y 78 años, divididos en dos grupos: jóvenes (promedio 28 años) y mayores (promedio 63 años).

Todos participaron en un programa grupal que incluía:

  • Ocho sesiones semanales de dos horas
  • Ejercicios diarios de regulación emocional
  • Autorreflexiones escritas
  • Trabajo con un compañero de seguimiento

Las primeras semanas estuvieron enfocadas en el manejo del estrés, la resiliencia y la regulación emocional. Luego, el entrenamiento se centró en habilidades sociales, comunicación y establecimiento de límites.

El programa se basó en enfoques psicológicos validados, como la Reducción del Estrés Basada en Mindfulness y la Terapia de Aceptación y Compromiso.

Los resultados que sorprendieron a los investigadores

Al finalizar las ocho semanas, tanto los participantes jóvenes como los mayores reportaron sentirse:

  • Más estables emocionalmente
  • Más seguros en situaciones sociales

Las mediciones confirmaron estas mejoras. Pero el dato más relevante apareció en el seguimiento: los avances en estabilidad emocional se mantuvieron en gran medida un año después.

Además, la edad no marcó diferencias significativas. De hecho, los investigadores encontraron un resultado inesperado: los adultos mayores mostraron mayor compromiso con el proceso.

Completaron más tareas, utilizaron con mayor frecuencia los materiales y mantuvieron una participación más constante que los jóvenes.

Las mejoras se mantuvieron un año después del entrenamiento. (Foto: Adobe Stock)
Las mejoras se mantuvieron un año después del entrenamiento. (Foto: Adobe Stock)

Según los autores, esta dedicación pudo compensar cualquier posible desaceleración del aprendizaje asociada al envejecimiento.

La edad no es el límite; la motivación,sí

Al inicio del estudio, el equipo esperaba que los adultos mayores obtuvieran menos beneficios. La hipótesis era que los procesos de aprendizaje se vuelven más lentos y que las personas mayores tienden a mantener una autoimagen estable.

Pero los datos no confirmaron esa idea.

Los investigadores concluyeron que la motivación y el compromiso son factores más determinantes que la edad para lograr cambios duraderos en la personalidad.

También señalaron que, en la vida cotidiana, los cambios suelen ser menores en edades avanzadas no por razones biológicas, sino porque hay menos experiencias que desafíen la forma de ser, como nuevos trabajos, mudanzas o vínculos.

El estudio sugiere que, cuando existe una intervención estructurada y una oportunidad concreta de trabajo personal, los resultados pueden ser similares a cualquier edad.

Qué cambia y qué no con el tiempo

Las mejoras más consistentes se observaron en la estabilidad emocional. La extroversión también aumentó, aunque con una leve disminución al año, aunque se mantuvo por encima del nivel inicial.

Para los investigadores, el mensaje es claro: alguien que ha pasado décadas pensando que no puede manejar el estrés o que nunca disfrutará de las situaciones sociales podría tener más margen de crecimiento del que imagina.

Eso sí, el propio equipo advierte una limitación: los participantes eran voluntarios motivados, dispuestos a comprometerse con el proceso. Es decir, el cambio requiere trabajo.

Pero la conclusión es contundente: la personalidad no está escrita en piedra y la edad no tiene la última palabra.

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