Imputaron a Diego Landriscina por corrupción, y ya no hay relato armado, operación mediĆ”tica ni aparato polĆtico que alcance para esconder el saqueo que sufrió SĆ”enz PeƱa durante aƱos.
La imputación por incumplimiento de los deberes de funcionario pĆŗblico, negociaciones incompatibles con la función pĆŗblica y malversación de caudales pĆŗblicos confirma lo que muchos saenzpeƱenses denunciaban desde hace tiempo: mientras la ciudad se caĆa a pedazos, un grupo de funcionarios hacĆa negocios con la plata de todos.
Mientras miles de familias sufrĆan para pagar la luz, comprar medicamentos, llenar la heladera o simplemente llegar a fin de mes, ellos jugaban con mĆ”s de 1.800 millones de pesos pertenecientes al pueblo de SĆ”enz PeƱa. Y no solo eso: ademĆ”s cobraban comisiones millonarias como premio por poner en riesgo los recursos pĆŗblicos.
Es imposible separar este escĆ”ndalo de los mĆ”s de 20 aƱos de poder de la familia Cipolini. Durante dos dĆ©cadas construyeron una verdadera monarquĆa polĆtica donde unos pocos se enriquecĆan y el resto de los vecinos veĆa cómo la ciudad quedaba abandonada, sin obras, sin planificación y sin respuestas.
Se acostumbraron a manejar el municipio como si fuera una empresa familiar. Se creyeron intocables. Pensaron que nunca iban a rendir cuentas porque tenĆan poder polĆtico, protección y silencio cómplice.

Pero las mƔscaras empiezan a caer.
Hoy la Justicia avanza sobre Diego Landriscina, pero los saenzpeƱenses saben perfectamente que esto no termina acĆ”. Bruno Cipolini no puede seguir escondiĆ©ndose detrĆ”s de comunicados vacĆos, operadores polĆticos o discursos armados. Tiene que dar explicaciones ante la Justicia y ante toda la comunidad.
Porque acĆ” no estamos hablando de errores administrativos ni de simples irregularidades. Estamos hablando de funcionarios que habrĆan utilizado la plata del pueblo para especular financieramente mientras la ciudad atravesaba necesidades urgentes. Estamos hablando de una estructura polĆtica que convirtió el Estado municipal en una herramienta para beneficiar a unos pocos amigos del poder.
Durante aƱos intentaron instalar que eran los dueƱos de SĆ”enz PeƱa, que podĆan hacer y deshacer sin consecuencias. Mientras tanto, los barrios seguĆan olvidados, las calles destruidas, los servicios colapsados y los vecinos cada vez mĆ”s golpeados por la crisis.
La indignación del pueblo es legĆtima. Porque cada peso que se perdió en estas maniobras es plata que faltó para salud, obras, seguridad, iluminación, asistencia social y oportunidades para miles de saenzpeƱenses.
Y que nadie se confunda: esto reciƩn empieza.
No vamos a parar hasta que todos los responsables polĆticos y económicos estĆ©n imputados, hasta que la causa llegue a juicio y hasta que se conozca toda la verdad sobre el destino de los mĆ”s de 1.800 millones de pesos que pusieron en juego.
SƔenz PeƱa no necesita mƔs impunidad, mƔs privilegios ni mƔs apellidos eternizados en el poder.
La plata del pueblo no se toca. Y los que jugaron con ella tienen que pagar ante la Justicia y ante la sociedad.



