Podemos recuperar nuestra capacidad de habitar el presente de una mejor forma. La respiración y la gestión emocional son necesarias, pero no suficientes para lograr una verdadera transformación de la consciencia.
“El mindfulness es, a menudo, malentendido. Se lo considera una herramienta para alcanzar la calma, vaciar la mente o una solución rápida para eliminar los pensamientos tóxicos. Es cierto que su práctica nos ayuda a centrarnos y a reconfigurar nuestra experiencia con el presente, pero es mucho más que eso. La atención es solo un primer paso necesario”, me explica Clara Badino, una mujer de vanguardia, pionera en la enseñanza de Hatha yoga y de la meditación. Desde hace más de 25 años, dirige la Asociación Visión Clara, que fue el epicentro de la difusión del mindfulness en Argentina y en Latinoamérica.
“La verdadera práctica es un proceso gradual que, como una semilla, primero debe echar raíces profundas y que requiere que nos involucremos en el proceso con disciplina, amor y sin autoexigencia. A medida que vamos experimentando nuestra atención plena en todas sus dimensiones, empezamos a ampliar nuestra tolerancia interna a la incomodidad, a las emociones que no nos gustan, a las experiencias que nos generan dolor. Mindfulness nos ayuda a dejar de resistirnos a lo que es y a comprender que nuestros estados son transitorios. De esta forma es como vamos dejando de reaccionar, de defendernos y, de a poco, empezamos a recuperar la capacidad de elegir. Eso nos permite experimentar la libertad para actuar desde un mejor lugar. Pero para eso hay que entrenarse”, afirma Clara con la contundencia amorosa de quien ha dedicado una vida entera a la práctica y a la enseñanza.
La desconexión no es abrupta, es un proceso lento y gradual
A Clara le preocupa el aumento de enfermedades relacionadas con el estilo de vida y los problemas de salud mental. “Las causas son múltiples. Todo lo que atenta contra nuestra atención, el ritmo de vida acelerado, la exigencia, nos hace vivir en un estado de alerta permanente. El tiempo se vive como un enemigo silencioso que nos acecha y, desde el miedo, nos volvemos reactivos. No podemos frenar. A su vez, la velocidad nos anestesia y nos vamos desconectando del entorno, de las personas y, por supuesto, de nosotros mismos. La desconexión es un proceso lento y gradual”, afirma Clara Badino, quien acaba de publicar Vivir contra reloj (Ed. Grijalbo), un libro que escribió junto al doctor Diego Robatto y Felicitas Montes para que más personas puedan tomar conciencia de la forma en que están experimentando su vida y se animen a verdaderas prácticas que puedan empezar a transformarla.
“Lo maravilloso de esta práctica es que es tan pragmática que puede hacerse en la vida cotidiana. La manera en que percibimos el mundo empieza a transformarnos y el proceso de existir se vuelve diferente a medida que vamos comprendiendo que todo lo que sucede es solo un llamado a seguir aprendiendo. Cuando descubrimos que podemos quedarnos quietos, comenzamos a experimentar que, en esa quietud, hay otra información, que en el silencio hay respuestas que nunca encontraremos en la palabra”, explica.
Su afirmación se convierte en una experiencia vívida en nuestra conversación. Entre cada pregunta y respuesta, se cuelan intercambios que hacen que nuestro encuentro se vuelva amoroso, nutritivo y sagrado. Su sola presencia trae un nuevo orden al presente compartido.
“Mindfulness no es una práctica diaria, sino de momento a momento. Cada instante y cada experiencia son una posibilidad de seguir ampliando nuestra tolerancia a la incomodidad y restaurando nuestro poder de adaptación. Nos invita a experimentar la atención pura sobre lo que está pasando internamente. La práctica no nos vuelve pasivos, sino más pacientes y menos reactivos. Nos ayuda a comprender que no hay nada que buscar ni nada que conseguir. Lo único que necesitamos es descubrir lo que ya reside dentro de nosotros e ir recuperando, así, nuestra libertad para elegir qué queremos cultivar y cómo queremos vivir”, agrega.
Clara Badino es una mujer única. Sus enseñanzas y su práctica han transformado la vida de miles de personas. Precursora en la experimentación y en la divulgación del mindfulness, también siente la responsabilidad de ayudarnos a discernir lo que es una enseñanza comprometida con el desarrollo humano de lo que se presenta como un breve curso que promete resultados inmediatos.

“Los cursos que prometen un rápido bienestar, al final, solo nos traerán más dolor. La transmisión superficial y mal informada puede llevarnos a una retraumatización o a suprimir problemas que, luego, resurgirán potenciados. La respiración nos ayuda, pero es solo un salvavidas, un punto de acceso; no nos permite lograr una evolución genuina. La verdadera práctica es una invitación a nadar en todas las aguas: las calmas, las bravas, las transparentes, las oscuras”, afirma Clara Badino.
Una de las señales de que la práctica hace su trabajo es, por supuesto, la recuperación de nuestra capacidad de tolerancia a lo que nos incomoda y nos duele. La práctica continuada nos permite también ir abriéndonos a nuevas preguntas sin la urgencia de tener que contestarlas inmediatamente. “Cuando podemos relacionarnos con los interrogantes y con la incertidumbre de una nueva forma, algo empieza a modificarse”, afirma, y nos recuerda que necesitamos involucrar el cuerpo para ampliar nuestro campo de conciencia.
Clara Badino está convencida de que “estamos llamados a amarnos desde un amor muy simple y muy poderoso. La práctica puede abrirnos a él para poder cuidarnos y cuidar a los otros. Cuando logramos hacerla de forma constante, empieza a producirse una transformación genuina. Solo necesitamos tener la bravura suficiente para conocernos y para animarnos a cambiar, sabiendo que cada uno de nosotros puede ser agente multiplicador de mucho más”.
Que así sea.



