Marcha universitaria: la conmovedora historia de una madre que se recibió de abogada en la UBA

En la movilización en Plaza de Mayo hubo banderas, reclamos y críticas al Gobierno. Pero también historias de vida atravesadas por aulas, apuntes y segundas oportunidades. Hijos de trabajadores, madres que retomaron carreras décadas después y jubilados que todavía defienden la educación pública.

La tarde cayó sobre Plaza de Mayo entre bombos, carteles y una certeza repetida en cada columna: la universidad pública, para miles de argentinos, no es solamente un lugar de estudio. Es una posibilidad. Un ascenso social. Una revancha. Una puerta que se abre, sobre todo cuando las demás parecen cerradas.

Mientras desde el escenario los organizadores advertían que “la situación es crítica” y reclamaban la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, entre la multitud aparecían historias mucho más íntimas que las consignas. Historias familiares. Historias de esfuerzo. Historias de madres que estudiaron con hijos a upa y de jóvenes que hoy marchan para defender el mismo sistema que les permitió imaginar un futuro.

Una de esas voces fue la de una estudiante de Arquitectura de la UBA, que llegó a la movilización con sus hermanas y una frase que terminó resumiendo buena parte del espíritu de la jornada.

Mi mamá no habría podido retomar sus estudios después de tener tres hijas si no existiera la universidad pública”, dijo, casi como quien acomoda una verdad que lleva años creciendo adentro.

La mamá de Zoe se recibió de abogada luego de tener tres hijas. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
La mamá de Zoe se recibió de abogada luego de tener tres hijas. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

Su mamá había comenzado la carrera de Derecho en Córdoba. Pero la maternidad, el trabajo y las dificultades económicas la obligaron a abandonar. Pasaron 12 años antes de que pudiera volver a estudiar. Para entonces ya se había separado, criaba sola a sus hijas y una universidad privada era directamente imposible de pagar.

Sin embargo, volvió.

Retomó materias, reorganizó horarios y terminó graduándose en la UBA. Hoy es abogada.

“Siempre nos enseñó a valorar la universidad pública por lo que es y por el prestigio que tiene”, contó su hija, emocionada, mientras alrededor seguían sonando redoblantes y cánticos.

A pocos metros, otra estudiante recordaba a su propia madre con una mezcla de orgullo y tristeza. Contó que había empezado el CBC para estudiar Administración de Empresas, pero tuvo que dejar porque necesitaba trabajar. Ella, en cambio, hoy cursa Sociología en la Universidad Nacional de La Plata.

“Yo sinceramente no podría acceder a una universidad privada. Y sé que mi mamá tampoco podría ayudarme con eso”, dijo.

Para ella, la gratuidad universitaria nunca fue un debate. “Era algo normal”, explicó. Creció en escuelas públicas y asegura que toda su formación estuvo atravesada por la educación estatal. “Gracias a la educación pública soy quien soy”, resumió.

Jorge, de 80 años, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Jorge, de 80 años, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

Las generaciones se mezclaban todo el tiempo en la marcha.

Jorge, de 80 años, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura.

“Destruir la educación universitaria es un retroceso histórico”, sostuvo él. Ella fue todavía más directa: “La educación es el instrumento que tiene una sociedad para desarrollarse, para integrar a la gente”.

Ambos dedicaron su vida a enseñar. Y ambos eligieron estar otra vez en la calle.

También estaba Adriana, docente jubilada y exdirectora de escuela, que decidió empezar la universidad a los 44 años, cuando sus hijos ya eran grandes.

“Solo pagué las fotocopias”, contó sobre su paso por Ciencias de la Educación en la UBA. “Nunca es tarde. La universidad te cambia la vida”.

Adriana empezó a estudiar una carrera universitaria a los 44 años. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Adriana empezó a estudiar una carrera universitaria a los 44 años. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

En otra esquina de la plaza, Juan Martínez, egresado de la Universidad Nacional de las Artes y actual trabajador del CONICET, hablaba de sus padres con la voz quebrada.

Su papá era vendedor ambulante. Su mamá, ama de casa. Él fue el primero de toda la familia en conseguir un título universitario.

“Cuando me recibí, el discurso se lo dediqué a ellos”, recordó. Después hizo una pausa breve y agregó: “Estoy acá para que otros también tengan esa oportunidad”.

La marcha universitaria volvió a dejar una postal conocida: miles de personas defendiendo las universidades públicas. Pero detrás de cada bandera aparecieron algo más potente que cualquier consigna política: vidas enteras atravesadas por la educación.

Hugo es el primero de su familia en completar una carrera universitaria. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Hugo es el primero de su familia en completar una carrera universitaria. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

Familias que pudieron cambiar su historia gracias a un aula abierta. Hijas que hoy estudian porque antes una madre resistió. Jubilados que todavía sienten que defender la universidad es defender el futuro.

Y entre tantos carteles, uno de los mensajes más fuertes no estaba escrito en una bandera. Lo decía una chica entre lágrimas, pensando en su mamá: la universidad pública, a veces, también es la posibilidad de volver a empezar.

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