jueves, mayo 14, 2026
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Marcha universitaria: la conmovedora historia de una madre que se recibió de abogada en la UBA

En la movilización en Plaza de Mayo hubo banderas, reclamos y críticas al Gobierno. Pero también historias de vida atravesadas por aulas, apuntes y segundas oportunidades. Hijos de trabajadores, madres que retomaron carreras décadas después y jubilados que todavía defienden la educación pública.

La tarde cayó sobre Plaza de Mayo entre bombos, carteles y una certeza repetida en cada columna: la universidad pública, para miles de argentinos, no es solamente un lugar de estudio. Es una posibilidad. Un ascenso social. Una revancha. Una puerta que se abre, sobre todo cuando las demÔs parecen cerradas.

Mientras desde el escenario los organizadores advertĆ­an que ā€œla situación es crĆ­ticaā€ y reclamabanĀ la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, entre la multitud aparecĆ­an historias mucho mĆ”s Ć­ntimas que las consignas.Ā Historias familiares. Historias de esfuerzo. Historias de madres que estudiaron con hijos a upa y de jóvenes que hoy marchan para defender el mismo sistema que les permitió imaginar un futuro.

Una de esas voces fue la de una estudiante de Arquitectura de la UBA, que llegó a la movilización con sus hermanas y una frase que terminó resumiendo buena parte del espíritu de la jornada.

ā€œMi mamĆ” no habrĆ­a podido retomar sus estudios despuĆ©s de tener tres hijas si no existiera la universidad pĆŗblicaā€, dijo, casi como quien acomoda una verdad que lleva aƱos creciendo adentro.

La mamÔ de Zoe se recibió de abogada luego de tener tres hijas. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
La mamÔ de Zoe se recibió de abogada luego de tener tres hijas. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

Su mamÔ había comenzado la carrera de Derecho en Córdoba. Pero la maternidad, el trabajo y las dificultades económicas la obligaron a abandonar. Pasaron 12 años antes de que pudiera volver a estudiar. Para entonces ya se había separado, criaba sola a sus hijas y una universidad privada era directamente imposible de pagar.

Sin embargo, volvió.

Retomó materias, reorganizó horarios y terminó graduÔndose en la UBA. Hoy es abogada.

ā€œSiempreĀ nos enseñó a valorar la universidad pĆŗblicaĀ por lo que es y por el prestigio que tieneā€, contó su hija, emocionada, mientras alrededor seguĆ­an sonando redoblantes y cĆ”nticos.

A pocos metros, otra estudiante recordaba a su propia madre con una mezcla de orgullo y tristeza. Contó que había empezado el CBC para estudiar Administración de Empresas, pero tuvo que dejar porque necesitaba trabajar. Ella, en cambio, hoy cursa Sociología en la Universidad Nacional de La Plata.

ā€œYo sinceramenteĀ no podrĆ­a acceder a una universidad privada. Y sĆ© que mi mamĆ” tampoco podrĆ­a ayudarme con esoā€, dijo.

Para ella,Ā la gratuidad universitaria nunca fue un debate. ā€œEra algo normalā€, explicó. Creció en escuelas pĆŗblicas y asegura que toda su formación estuvo atravesada por la educación estatal. ā€œGracias a la educación pĆŗblica soy quien soyā€, resumió.

Jorge, de 80 aƱos, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Jorge, de 80 aƱos, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

LasĀ generacionesĀ se mezclaban todo el tiempo en la marcha.

Jorge, de 80 años, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1966, caminaba junto a su hermana Marta, profesora de Historia recibida en la UBA en plena dictadura.

ā€œDestruir la educación universitariaĀ es un retroceso históricoā€, sostuvo Ć©l. Ella fue todavĆ­a mĆ”s directa: ā€œLa educación es el instrumento que tiene una sociedad para desarrollarse, para integrar a la genteā€.

Ambos dedicaron su vida a enseñar. Y ambos eligieron estar otra vez en la calle.

También estaba Adriana, docente jubilada y exdirectora de escuela, que decidió empezar la universidad a los 44 años, cuando sus hijos ya eran grandes.

ā€œSolo paguĆ© las fotocopiasā€, contó sobre su paso por Ciencias de la Educación en la UBA. ā€œNunca es tarde. La universidad te cambia la vidaā€.

Adriana empezó a estudiar una carrera universitaria a los 44 años. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Adriana empezó a estudiar una carrera universitaria a los 44 años. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

En otra esquina de la plaza, Juan MartĆ­nez, egresado de la Universidad Nacional de las Artes y actual trabajador del CONICET, hablaba de sus padres con la voz quebrada.

Su papĆ” era vendedor ambulante. Su mamĆ”, ama de casa. Ɖl fueĀ el primeroĀ de toda la familia en conseguir un tĆ­tulo universitario.

ā€œCuando me recibĆ­, el discurso se lo dediquĆ© a ellosā€, recordó. DespuĆ©s hizo una pausa breve y agregó: ā€œEstoy acĆ” para que otros tambiĆ©n tengan esa oportunidadā€.

La marcha universitaria volvió a dejar una postal conocida: miles de personas defendiendo las universidades públicas. Pero detrÔs de cada bandera aparecieron algo mÔs potente que cualquier consigna política: vidas enteras atravesadas por la educación.

Hugo es el primero de su familia en completar una carrera universitaria. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)
Hugo es el primero de su familia en completar una carrera universitaria. (Foto: TN/Juan Pablo Chaves)

Familias que pudieron cambiar su historia gracias a un aula abierta. Hijas que hoy estudian porque antes una madre resistió. Jubilados que todavía sienten que defender la universidad es defender el futuro.

Y entre tantos carteles, uno de los mensajes mÔs fuertes no estaba escrito en una bandera. Lo decía una chica entre lÔgrimas, pensando en su mamÔ: la universidad pública, a veces, también es la posibilidad de volver a empezar.

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