El Memorándum de Islamabad contempla 14 puntos y podría firmarse en los próximos días. Sin embargo, la discusión sobre el enriquecimiento de uranio y las reservas nucleares quedó postergada para una segunda etapa de negociación que será determinante para el éxito del entendimiento.
La posible firma del Memorándum de Islamabad entre Estados Unidos e Irán aparece ante el mundo como un paso histórico hacia la desescalada en Medio Oriente. Sin embargo, detrás de los anuncios sobre el cese de hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz y el alivio de sanciones, se esconde una discusión delicada: qué ocurrirá con el programa nuclear iraní.
Ese punto, considerado el corazón de la disputa entre Washington y Teherán desde hace más de dos décadas, quedó deliberadamente fuera de las definiciones inmediatas del acuerdo y será debatido durante los 60 días posteriores a la eventual firma del memorando.
Según explicó el canciller iraní Abbas Araghchi, el documento actualmente en negociación funciona como un marco general para reducir las tensiones y abrir una nueva etapa de diálogo. La cuestión nuclear, en cambio, será objeto de conversaciones específicas que comenzarán una vez formalizado el entendimiento político entre ambas partes.

La decisión no es casual. Se trata del tema que más distantes mantiene a los dos gobiernos y que también genera diferencias con Israel, principal aliado de Estados Unidos en la región.
Desde la perspectiva iraní, cualquier acuerdo definitivo debe reconocer el derecho del país a mantener un programa nuclear con fines civiles. Teherán insiste además en que las reservas de uranio enriquecido acumuladas durante los últimos años no deben ser trasladadas al exterior. La posición defendida por Araghchi es que el excedente sea procesado y diluido dentro del territorio iraní.
Del otro lado, Estados Unidos busca garantías mucho más estrictas. Diversas versiones surgidas de las negociaciones sostienen que Washington pretende compromisos verificables sobre el enriquecimiento de uranio y mecanismos que impidan a Irán desarrollar armamento nuclear en el futuro.

Esa diferencia explica por qué el memorando fue diseñado en dos etapas. La primera apunta a frenar el conflicto abierto desde febrero, normalizar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz y generar condiciones mínimas de confianza. La segunda estará dedicada exclusivamente a resolver el expediente nuclear, considerado el asunto más complejo de toda la negociación.
La discusión no será solamente técnica. También tendrá una fuerte dimensión política. En Irán existen sectores que desconfían profundamente de Washington y recuerdan los antecedentes de acuerdos incumplidos. Por ese motivo, las autoridades iraníes advirtieron que no avanzarán hacia un pacto definitivo si antes no se implementan los compromisos asumidos en el memorando inicial.
Al mismo tiempo, Israel observa con preocupación el proceso. Las autoridades israelíes dejaron en claro que consideran insuficiente cualquier acuerdo que no incluya restricciones severas sobre la infraestructura nuclear iraní y sobre sus capacidades estratégicas futuras.

