Lo que empieza con un préstamo de unos pesos para completar el alquiler se puede transformar en una bola de deuda que deja a la persona fuera del sistema.
El diario de un endeudado es una espiral descendente. Lo que empieza con un préstamo de unos pesos para completar el alquiler, con la ayuda para refinanciar la tarjeta o la boleta de la luz que llegó con aumento, se puede transformar en una bola de deuda que deja a la persona a la intemperie, fuera del sistema.
Según datos del Monitoreo de Opinión Pública de la consultora Management & Fit, más de la mitad de las familias argentinas tiene algún problema para llegar a fin de mes. Dentro de ese grupo, el 71,9% tiene que pedir préstamos, tanto en el sistema financiero formal como en el informal.
La deuda por tarjeta de crédito encabeza la lista de las distintas formas de endeudarse de una familia. Varios escalones más abajo figuran los créditos personales en bancos, los adelantos a través de billeteras virtuales y el endeudamiento informal con amigos y familiares.
Cuando la tarjeta llega al límite, la historia entra en su etapa más crítica. Sin crédito disponible en el sector bancario, no queda más opción que recurrir a lo que esté a mano: pedir un préstamo en una billetera virtual, aceptar créditos con intereses usurarios o pedirle prestado a un familiar. En ese punto, el endeudamiento ya no sirve para comprar algo en cuotas; se convierte en un parche para reemplazar el sueldo y poder pagar la comida o la luz.
A partir de ahí, la bola de nieve no se puede parar. Como los intereses se multiplican sobre los saldos impagos del mes anterior, la deuda se vuelve un pozo sin fondo. Todo el dinero que entra se va entero para tapar los agujeros del pasado. Ya no hay margen para planificar ni para pensar en el futuro: la única prioridad es ver cómo se llega al vencimiento de mañana.
El fenómeno golpea de lleno a los más jóvenes: el 40% de quienes tienen entre 18 y 30 años y tomaron un préstamo no lo puede pagar, una situación alimentada por la falta de empleo formal y el fácil acceso al dinero que ofrecen las billeteras virtuales. Esta espiral deriva rápidamente en intimaciones recurrentes, recargos punitivos y la inclusión en los registros del Veraz.
Frente a una morosidad en niveles récord, los bancos descartan condonaciones para no desalentar el cumplimiento y apuestan a esquemas de refinanciación con mayores plazos. Sin embargo, los analistas advierten que estas medidas son solo parches. Sin una recuperación real del salario y del poder adquisitivo, la rueda no frena y millones de familias siguen empezando cada mes con la cuenta en rojo.

